Andaba Zaratrusta por una ciudad empedrada camino a su cita, pues larga y tediosa
empresa le esperaba. Nada más y nada menos que el Papa, su santísima mediocridad
lo había convocado para entablar conversación y discutir aspectos sobre la existencia
de Dios.
Tras una larga caminata y un austero almuerzo para las riquezas vaticanas, los dos
viejos empezaron a hablar.
-¿Cómo puedes afirmar que Dios ha muerto? Si, en si, es inmortal.
-Su concepto lo será mientras existan hombres- dijo Zaratustra, tapándose la risa
convertida en palabras.
-Dios no es un concepto, es una realidad- Repuso su mediocridad
-Prueba alguna no hay de ello, es más, si nos creó a su imagen y semejanza, debe
comer y defecar, y estas, son cualidades humanas y materiales.
Frunció el ceño entonces aquél clérigo inexperto sentado en su váter de oro para, al
final, acabar cayendo en paganismos diciendo:
-La fe, es la ambrosía de Dios, de ella se alimenta y aunque tú no creas, gracias a mi y
los demás fieles, Dios seguirá existiendo.
-¿Ambrosía, eh?- preguntó Zaratustra rascándose la barba con la mirada de un jugador
de ajedrez sapiente de que han caído en su trampa -¿Cómo funciona esa ambrosía?-
siguió el zorro con sus agujereantes preguntas.
-Yo, el elegido de Dios en la Tierra, proyecto las plegarias, así el Altísimo puede
alimentarse de aquellos quienes oran.
-¿Insinúas que eres como un repetidor de ondas Wi-fi?
-En efecto- dijo su santidad convencida de que había ganado.
-Entonces, ¿Qué pasa si no creo pero te rezo a ti?
-Que al rezar, crees, y si crees en mi, crees en Dios- dijo la mediocridad riéndose del
viejo, pero él entre su escarnio se interpuso en tono de reproche:
-Pero yo creo en ti, que eres un hombre, no en la idea que profesas. Además, si en
efecto eres como un repetidor de ondas, si rezo pensando en ti y afirmando que Dios
ha muerto, ambos nos convertiremos en asesinos de Dios.
Al terminar la frase, su santísima mediocridad, se desvaneció, se desmaterializó en el acto, un fenómeno
cuántico tuvo lugar frente a los ojos de Zaratustra, pero él, conocedor de muchas de las
materias que conforman las ciencias, tan solo dijo:
-Tú ves como Dios ha muerto.



