«La psicología no es una creencia, es una ciencia; la psicología no es una ideología»
El dinamismo actual nos deja muchas incógnitas y pocas certezas. Será a estas segundas a las que pretenderemos acercarnos con la ayuda de nuestro invitado en la entrevista de hoy, experto en el área de la psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos
P: ¿Cómo surgió en ti la idea de convertirte en Psicólogo? ¿Cómo llega el día de tomar esa decisión?
R: Surgió por la vida misma, las experiencias y circunstancias propias. Tenía las dosis de certeza y curiosidad necesarias para saber que podría triunfar en este campo algún día y hacer cosas importantes, al mismo tiempo que ayudaba a las personas. Desde mi adolescencia me he ido interesando por varios campos del conocimiento, como la filosofía, y más tarde la economía, pero encontré en la psicología mi campo de estudio y quise convertirlo en mi día a día, en mi profesión. Sé que hice lo correcto, si no, no hubiese llegado hasta donde estoy ahora y como soy una persona inconformista y exigente siempre lucho por hacer cosas importantes y aportar algo significativo a la sociedad.
P: ¿Cuál es el campo de estudio que estás investigando ahora y sobre qué trata?
R: Mi campo psicológico es la Psicología Clínica y ahora mismo soy PDI (Personal Docente e Investigador) del departamento de Psicología de la personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos aquí en la Uned. Recientemente, presenté uno de mis trabajos titulado “La regulación emocional como proceso transdiagnóstico en los trastornos de ansiedad: Una revisión sistemática” en el VIII Foro de Investigadores en Formación. Trata sobre el extenso estudio de este trastorno relacionado con ciertas estrategias y variables para ayudar a ampliar el conocimiento creando debates constructivos en torno a este de cara al futuro siempre desde una revisión al pasado.
P: ¿Cómo defines la ansiedad?
R: Para empezar, hay que entender que la ansiedad es una emoción, en este caso una emoción negativa. Es una clase de emoción pasada de vuelta, pasada de rosca, que afecta a nuestro estado de ánimo y su presencia depende de muchas circunstancias tanto internas como externas. Desde mi punto de vista la ansiedad es el miedo sin justificar.
P: ¿Y qué diferencia hay entre ansiedad, estrés y depresión?
R: Dos de ellas son una emoción y la otra no. La depresión, al igual que la ansiedad, es una emoción negativa basada en una tristeza que te desborda, que está pasada de vuelta. Mientras que la ansiedad es una preocupación dirigida a un futuro que todavía no es, la depresión es una preocupación dirigida a un acontecimiento pasado que no está. Además, ambas son patológicas. Y en el caso del estrés, no hablamos de una emoción, sino de una respuesta fisiológica y psicológica a ciertas situaciones o circunstancias. Lo que conocemos como Burnout en el trabajo es un claro ejemplo de lo que deriva el estrés. Pero, cabe decir que, este último no es patológico.
P: ¿Y qué ocurre cuando lo que te desborda es la alegría en exceso, qué está ocurriendo en ese caso?
R: La alegría llevada al exceso, como en el caso que describes, se podría llamar ataques de manía. Pongamos, por ejemplo, a la persona bipolar, que sería aquella que se encuentra en un estado depresivo o en un estado de manía, coexistiendo ambas en la misma persona. Ya hemos dicho cómo se manifiesta la depresión, pero en el caso de la manía se entiende como el exceso de euforia, alegría que te termina superando y se apodera de ti. La persona comienza a hacer planes fuera de su alcance, demasiado elevado e, incluso, un tanto pretenciosos. También se puede llamar hipomanías (si no llega a ser clínico).
P: Mirando a nuestra sociedad, ¿qué factores han incentivado el crecimiento y la expansión de la ansiedad durante las últimas décadas?
R: Hay muchos factores como para enumerar una lista, cada caso es distinto. Puede estar compuesto por factores tanto internos como externos, personales como extra personales. Podemos hablar de uno claro: la competitividad. Antes habíamos hablado de emociones y es precisamente una de las cosas que entran en juego con la alta competitividad que estamos viviendo en las últimas décadas. Hay personas con más o menos resistencia, con más o menos resiliencia. Adaptarse a este ritmo cada vez se vuelve una tarea más difícil de controlar y esta adaptación requiere de una regulación emocional. Cuando estas emociones te desbordan por arriba o por debajo, no eres capaz de adaptarte, no eres capaz de seguir compitiendo y esto incentiva notablemente el crecimiento y expansión de la ansiedad. Diría que van por allí los tiros.
P: Para ir terminando, te planteo la siguiente situación: hay personas que no creen en el valor del psicólogo como especialista para tratar la salud mental. Ya sea por escepticismo, por insostenibilidad económica o, en otros casos, por miedo o vergüenza. ¿Qué le dirías a las personas que piensan de este modo?
R: La psicología no es una creencia, es una ciencia. No está basada en creencias, como la ideología. Es una ciencia empírica y como tal se basa en estudios clínicos y fiables. No hay que olvidar que las terapias psicológicas tienen correlatos biológicos. Esto ya es un factor elemental que hace declinar la balanza hacia el innegable valor y validez de la psicología. La psicología no es algo subjetivo, que se basa en suposiciones u opiniones, sino en lo empírico y en tratar cualquier aspecto con la mayor seriedad y objetividad. Yo pienso que creer o no en la psicología y sus efectos está más que superado, aunque existan ciertas personas que a pie de calle todavía se muestran ambiguos. Estas personas también han de poner de su parte para que esto funcione, si no, es mejor que no acudan al psicólogo. Por ejemplo, si vamos al médico y nos recomiendan unos hábitos y ejercicios diarios y no los hacemos, ¿diremos que es culpa del médico y que la medicina es una farsa? En conclusión, no todo recae en el paciente, pese a que la psicología es una ciencia que demuestra su eficacia como otras ciencias, no quita que existan casos donde el profesional cometa algún error en el procedimiento y puede hacer que el resultado no sea el esperado.
P: Para concluir, siempre nos gusta hacer esta pregunta: ¿Frente a qué te muestras insolente?
R: Diría que frente a las personas que no luchan por salir de sus dificultades pudiendo hacerlo por su gran capacidad y potencial, pero que, sin embargo, prefieren seguir estando cómodos dentro de su vacío y pereza. Se hacen las ciegas ante sí mismas.




